Enviar un satélite para el control de las comunicaciones es una buena solución, aunque muy cara. Después de muchos años de cavilaciones, finalmente las autoridades estadounidenses tomaron una decisión interesante y económica: mandar un dirigible dentro de nuestra atmósfera para cumplir esa misión.

La empresa Lockheed Martin fue escogida por la agencia DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency), dependiente del Pentágono, para crear un modelo gigantesco que cubra las necesidades de vigilancia y telecomunicaciones.
El equipo se llamará HAA (High Altitude Airship), medirá unos 73 metros de largo por 21 de diámetro y su fabricación costará 400 millones de dólares. Su despegue está previsto para el año 2013.
La gracia de este vehículo es que será más liviano que el aire, gracias a tejidos de alta resistencia, y podrá volar a una altura de 70.000 pies (21,3 kilómetros), en una posición geoestacionaria. Desde allí, el sistema será capaz de mantener los aparatos que monitorearán áreas de hasta 970 km de diámetro.
Sus tareas serán la vigilancia aérea, transferencia de datos, telecomunicaciones y previsiones meteorológica, un dirigible totalmente multitask. El modelo definitivo flotará y enviará información por 10 años o más.
Vía | FayerWayer.
El Sistema de Posicionamiento Global (GPS) podría comenzar a presentar importantes fallas hacia el próximo año, debido a los problemas que enfrenta la Fuerza Aérea de Estados Unidos para su mantención. El sistema GPS comenzó a operar plenamente hacia finales del año 1993, siendo declarado de doble uso (civil y militar) por el presidente Bill Clinton en 1996.

Para operar utiliza una constelación de entre 24 a 32 satélites de órbita terrestre media, que en algunos casos se encuentran operando por 19 años. El problema que enfrenta el sistema radica en que la Fuerza Aérea (responsable del mantenimiento del sistema) se ha visto enfrentada a importantes dificultades con las distintas empresas contratistas que tienen que realizar la construcción y lanzamiento de nuevos satélites GPS. Los problemas se relacionan con aumentos en los costos y excesivas postergaciones en los calendarios previstos.
Según el último calendario actualizado de lanzamientos, un nuevo satélite GPS debería ser lanzado en Noviembre de este año. El problema que se presenta con estos retrasos se relaciona con que la probabilidad de que los actuales satélites que se encuentran operativos comiencen a fallar, por lo que la probabilidad de mantener una constelación de 24 satélites en órbita cae por debajo del 95% para el año 2010, existiendo la posibilidad de que caiga al 80% en 2011 y 2012.
Si la cantidad de satélites operativos baja de los 24 el sistema puede seguir operando, pero el nivel de precisión necesario para las operaciones militares y civiles podría verse degradado en forma bastante significativa.
Vía | Fayer Wayer.
La Compañía Europea para la Defensa Aeronáutica y del Espacio (EADS, por sus siglas en inglés) está trabajando en un proyecto que permitirá añadir una especie de velas a los satélites, para permitir que regresen a la tierra luego de cumplir su objetivo en el espacio.

El sistema se denomina IDEAS (Innovative DEorbiting Aerobrake System), y básicamente su función es forzar progresivamente una desaceleración del satélite de manera que se salga de su órbita. De esta manera, un satélite que normalmente se mantiene en órbita entre 50 y 100 años, volvería a la tierra en unos 25 años.
IDEAS será probado en un satélite francés, denominado Microscope, que completará su misión en aproximadamente un año, y servirá para comprobar definitivamente el correcto funcionamiento del sistema. También se estudia la posibilidad de implantar el sistema en satélites fuera de servicio que aún se encuentran orbitando, formando lo que se conoce como basura espacial, para comenzar a traerla de vuelta a la tierra y darle un tratamiento adecuado.
Vía | Dvice.
Un satélite de la NASA que debía ser colocado en el espacio para trazar un mapa del dióxido de carbono en la atmósfera terrestre, terminó hundido en el mar, cerca de la Antártida, luego de que el cohete que lo transportaba fallara.

El Observatorio del Carbono en Órbita, valorado en 278 millones de dólares, despegó a bordo de la astronave no tripulada Taurus desde la base de la Fuerza Aérea Vandenberg, en California, con dirección a una órbita espacial a unos 645 kilómetros sobre los polos.
La nave, de 447 kilos, se encontraba dentro de una especie de concha que le sirve de protección, pero a los tres minutos del vuelo la cubierta no se despegó como se esperaba, haciendo fracasar la misión. “Como resultado directo de cargar con ese peso extra, no logramos orbitar”, dijo John Brunschwyler, administrador del programa de Taurus con el fabricante Orbital Sciences Corp.
La nave, también construida por Orbital Sciences, volvió a Tierra, cayendo en el océano Pacífico cerca de la Antártida. El observatorio era el primero de la NASA dedicado a rastrear las emisiones de dióxido de carbono a escala global. Las mediciones del satélite debían ayudar a elaborar mejores modelos climáticos.
Científicos de la NASA están monitoreando el cielo sobre Siberia, en busca de los restos de dos satélites que chocaron a 25000 MPH, en lo que sería el primer choque de este tipo del que se tiene conocimiento. El accidente tuvo lugar a unas 400 millas sobre la superficie terrestre, y se está estudiando la posibilidad de que pueda afectar otros satélites cercanos.
“Tomará semanas para determinar el verdadero alcance del accidente“, aseguró la NASA en un comunicado. Se cree que el riesgo para la Estación Espacial Internacional (EEI) es mínimo, y las posibilidades de que se vea afectada son muy bajas.
El incidente involucró un satélite ruso, que fue puesto en órbita y dejó de funcionar algunos meses atrás, y otro satélite norteamericano, perteneciente a la compañía Iridium, que era utilizado en telecomunicaciones. Se cree que el causante del accidente fue el satélite ruso, que por estar fuera de servicio no tenía sistema de monitoreo.