
El robot fué construido en Japón como parte del Proyecto para el Desarrollo Estratégico de TecnologÃas Robóticas Elementales y Avanzadas, un programa dedicado a aplicar la robótica en campos como la industria, la seguridad y la recuperación de desastres, entre otros.
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CientÃficos británicos desarrollaron una sustancia de una consistencia similar a la de la pasta de dientes, que ayuda a regenerar los huesos y a curar fracturas. Los especialistas de la Universidad de Nottingham sostienen que ese material evitarÃa en muchos casos los injertos de huesos.

El profesor Kevin Shakesheff, uno de los creadores del denominado hueso inyectable, indicó que “el polÃmero se inyecta fácilmente sin necesidad de una incisión quirúrgica, al contrario de lo que ocurre con los injertos óseos, en los que se usa hueso del mismo cuerpo del paciente para reparar el daño”.
El cientÃfico explicó que “con la técnica actual el paciente tiene que ser operado y además queda con un área dañada, pero nosotros creemos que bastará con insertar la aguja, llevarla al sitio deseado e inyectar el polÃmero y esa sustancia es capaz de endurecerse en cuestión de minutos”.
Shakesheff acotó que “debido a que el material no se calienta, las células óseas de su alrededor sobreviven y pueden crecer regenerando el hueso y curando fracturas”.
El grupo holandés Philips ha creado una “pÃldora inteligente” que contiene un microprocesador, una baterÃa, una radio inalámbrica, una bomba y un contendor para medicación para emitir fármacos en una zona especÃfica del cuerpo.

Philips, uno de los fabricantes de equipamientos hospitalarios más grandes del mundo, ha señalado que la cápsula iPill mide la acidez con un sensor que determina su ubicación en los intestinos y que entonces puede emitir la medicación necesaria.
La iPill también puede medir la temperatura local y enviar los datos de forma inalámbrica. De la misma manera puede emitir medicamentos para tratar los problemas del tracto digestivo con la dosis adecuada, lo que disminuye los efectos secundarios.
La empresa planea presentar su nuevo desarrollo en el encuentro anual de la Asociación Estadounidense de CientÃficos Farmacéuticos este mes, en Atlanta. Philips señaló que si bien la iPill es un prototipo, está disponible para su fabricación en serie.
Se trata de una serpiente mecánica llamada ‘Robodoc’, que puede entrar en el cuerpo mediante los orificios naturales y no por incisiones para realizar operaciones, y se ha convertido en uno de los dispositivos futuristas que los investigadores creen transformará las técnicas quirúrgicas tradicionales.

La posibilidad de que brazos robóticos te revisen el abdomen desde adentro puede sonar alarmante, pero su precisión podrÃa implicar menos trauma, una rápida recuperación, una estancia más breve en el hospital y una menor cantidad de tejido dañado.
Claro que también tiene sus desventajas. “No es el concepto más fácil de describirle a un paciente”, asegura el cirujano Ara Darzi, co-director del Centro Hamlyn de CirugÃa Robótica del Imperial College en Londres, “pero se convencen rápido al explicarles los beneficios”.
Sin embargo, son muchas las voces crÃticas que cuestionan la rentabilidad de este tipo de robots, que cuestan cerca del millón de euros, cuando otros tratamientos, como los medicamentos para el cáncer, están siendo recortados ante la situación económica.
Investigadores de las Universidades de Harvard y Princeton han dado un paso crucial hacia las computadoras biológicas, construyendo diminutos dispositivos implantables, calificables como biocomputadores, que pueden supervisar las actividades y caracterÃsticas de las células humanas. La información proporcionada por estos “doctores moleculares”, construidos completamente de ADN, ARN y proteÃnas, podrÃa revolucionar la medicina del futuro dirigiendo las terapias sólo a las células o tejidos enfermos.

“Cada célula humana ya posee todas las herramientas requeridas para construir por sà misma estas biocomputadoras”, explica Yaakov Benenson, del Centro para la BiologÃa de Sistemas en la Universidad de Harvard. “Todo lo que debe proporcionarse es un plano genético de la máquina, y nuestra propia biologÃa hará el resto. Sus células literalmente construirán estas biocomputadoras para usted“.
Trabajando con ecuaciones de lógica booleana dentro de las células, estos autómatas moleculares lo detectarán todo, desde la presencia de un gen mutado, hasta la actividad de los genes dentro de la célula. Las señales de entrada o “input” de las biocomputadoras son el ARN, y proteÃnas y sustancias quÃmicas presentes en el citoplasma. Las señales de salida u “output” son las moléculas que indican la presencia de señales delatoras, fácilmente discernibles con equipamiento básico de laboratorio.
Hoy dÃa no existen herramientas viables para leer las señales celulares. Asà que estas biocomputadoras pueden ser muy importantes porque son capaces de traducir complejas firmas celulares, como las dejadas por la actividad de múltiples genes, en un “output” fácilmente observable. Incluso pueden programarse para traducir automáticamente en una acción concreta estos datos de salida, por lo que podrÃan ser utilizadas en el etiquetaje de células para su posterior localización con fines analÃticos o terapéuticos, e incluso serÃan capaces de realizar por sà mismas la acción terapéutica.
Benenson y su equipo demuestran en el estudio que las biocomputadoras pueden funcionar en un cultivo de células humanas de riñón. TodavÃa se encuentra en marcha la investigación sobre la capacidad que posee el sistema para monitorizar señales intracelulares tales como mutaciones y niveles anormales de los genes, e interactuar con ellas.
Los cálculos de una biocomputadora, si bien matemáticamente simples, podrÃan permitir a los investigadores construir biosensores, asà como sistemas para aplicación precisa de medicamentos, con el denominador común de ser capaces de distinguir entre tipos o grupos muy especÃficos de células en el cuerpo humano. Los autómatas moleculares podrÃan permitir a los médicos actuar sólo sobre las células cancerosas o enfermas a través de una sofisticada integración con las señales intracelulares de la enfermedad, dejando intactas a las células sanas.